Autor: Martín Hernández
Fecha: noviembre de 2013
Publicado en: Marxismo Vivo N.º 7

En los años 1979/80 una onda de entusiasmo recorrió las filas de una buena parte del movimiento trotskista mundial. Es que después de muchos años de dispersión se habría la posibilidad de construir una organización revolucionaria, de bastante peso, a nivel internacional.
Dos de las mas importantes corrientes del movimiento trotskistas internacional habían iniciado un proceso de unificación. La Fracción Bolchevique, encabezada por Nahuel Moreno, con una importante implantación en América Latina, en especial en la Argentina donde el PST (Partido Socialista de los Trabajadores) resistía a la feroz dictadura militar y el CORQUI (Comité de Organización por la Reconstrucción de la Cuarta Internacional), encabezada por Pierre Lambert, con un fuerte partido en Francia de mas de 3.000 militantes y con una serie de organizaciones en varios paises del mundo. A estas dos organizaciones se sumaba La Tendencia Leninista Trotskista que aunque mucho menor que las dos anteriores tenía un importante significado en la medida que era una corriente interna del Secretariado Unificado encabezado por Mandel.
Entre estas tres corrientes internacionales fue iniciado una serie de actividades comunes y una profunda discusión programática lo que permitió ir superando la mayoría de las diferencias programáticas, políticas y organizativas de tal forma que a fines del año 1980 se realizó el congreso de fundación de una nueva organización internacional, la CI (CI) -Cuarta Internacional – Comité Internacional -.
La fundación de la nueva organización internacional abrió enormes posibilidades a nivel de varios países: Perú, Argentina, Francia, Venezuela, Argelia, España, Polonia. En el Brasil, este proceso de unificación colocó al orden del día la construcción de un partido revolucionario de mas de dos mil militantes a partir de la fusión entre la corriente O Trabalho (que integraba el CORQUI) que en ese momento contaba con aproximadamente 1.000 militantes y la Convergencia Socialista (de la Fracción Bolchevique) que tenía un número similar de militantes. Es necesario hacer notar el impacto sobre la realidad brasilera que hubiese tenido esta nueva organización ya que ella nacería en el mismo momento que se estaba comenzando a construir el PT (del cual estas dos corrientes hacían parte) y poco tiempo antes de que se construyera la CUT
Sin embargo, este proceso tan progresivo a nivel internacional duró muy poco. En el momento en que en varios países del mundo, incluido el Brasil, se estaban encaminando los procesos de unificación nacional, la CI (CI) explotó por los aires.
¿Que sucedió? ¿Como fue posible que una organización que fue construida con un método tan serio y paciente, sin ultimatos y sin concesiones, tuviera tan poco tiempo de vida? ¿Como fue posible que un proceso de unificación que fue conducido por dirigentes tan experimentados como Moreno y Lambert se frustrara en forma tan rápida y frustrara de esa forma a los miles de militantes que apostaron en esa nueva organización?
Hoy con la ventaja de poder analizar los hechos 20 años después de ocurridos esos interrogantes resultan mas fácil de ser respondidos. Lo que ocurrió fue que en Francia triunfó el frente popular encabezado por Mitterrand y la OCI (Organización Comunista Internacional), dirigida por Lambert, capituló al nuevo gobierno burgués. A nivel de la CI(CI) hubo una importante resistencia a esta capitulación pero la nueva organización internacional no consiguió revertir el curso de la sección francesa. En otras palabras, la CI (CI) se desmoronó porque no soportó la presión del frente popular.
Analizando estos acontecimientos, varios años después de que ocurrieron, Nahuel Moreno señalaba: “Las diferencias entre nuestra corriente y el lambertismo en torno a la política en Francia no eran, como hemos visto, de menor cuantía. Hacían a una cuestión programática: la estrategia trotskista ante los gobiernos de frente popular…sin embargo, incluso esa diferencia abismal no tenía porque conducir obligatoriamente a una lucha fraccional enconada que culminara con la ruptura...La razón profunda de la ruptura de la CI (CI) fueron esos métodos(burocráticos de Lambert) que impidieron la discusión democrática de las diferencias existentes” [1]
Sin duda Moreno tenía razón al señalar el papel nefasto que en ese debate jugaron los métodos de Lambert, que de hecho impidieron cualquier debate, sin embargo no nos parece que sean esos métodos “la razón profunda de la ruptura de la CI (CI)”. La razón profunda de la ruptura hay que encontrarla justamente en lo que Moreno combatió: la capitulación de la OCI francesa al gobierno frentepopulista de Mitterrand.
La OCI no fue una excepción
El Comité Paritario, que era el organismo de dirección de este proceso de aproximación, encargó Nahuel Moreno elaborar el programa para la nueva organización internacional.
Hasta ese momento el Comité Paritario funcionaba en base a acuerdos pero en la medida que se resolvió avanzar en dirección a la unificación de las tres corrientes se hacía necesario abordar las divergencias. Con base a este objetivo Moreno elaboró un texto en donde se desarrollaba, en profundidad, todos los puntos en donde había, o podría llegar a haber, divergencias. Asi abordó la cuestión de los diferentes tipos de frentes, las tareas democráticas, la consigna de Asamblea Constituyente, las diferencias entre principios, estrategia y táctica y una serie de puntos mas. Sin embargo, en ese extenso texto, el tema del frente popular ni siquiera fue tocado.
Tiempo después de la crisis de la IV (CI) Moreno se autocriticaría de este error. En su opinión el mismo fué cometido por que nunca pensó que Lambert y la OCI podrían llegar a capitular al frente popular frances ya que en su opinión el punto debil de la corriente lambertista estaba en su sectarismo y no en sus tendencias oportunistas.
Moreno tenía razón al señalar ese error de las “Tesis” sin embargo, analizando históricamente el comportamiento de la izquierda revolucionaria con respecto a los gobiernos de frente popular, es necesario llegar a la conclusión que el error cometido por Moreno a la hora de elaborar el programa para la nueva organización internacional tenía un alcance mayor ya que el comportamiento del lambertismo no fue una excepción. Por el contrario la OCI francesa repitió algo que se ha transformado casi en una constante en la historia: la capitulación de la mayoría de las corrientes de la izquierda revolucionaria, a los diferentes gobiernos de frentes popular.
La primera experiencia de gobierno de frente popular fue la del Gobierno Provisorio ruso que surgió después de la revolución de febrero de 1917. Meses después, en octubre, los bolcheviques encabezaron la revolución que derrumbó este gobierno dando origen así al primer estado obrero de la historia. Esta actuación exitosa de los revolucionarios, con respecto a como enfrentar un gobierno de frente popular, no puede ocultar el hecho que a posteriori de ese acontecimiento, en la mayoría de las oportunidades, la izquierda revolucionaria, tendió a capitular a los gobiernos de este tipo. De la misma forma que tampoco puede ocultar el hecho de que los propios bolcheviques, para enfrentar y derrotar el Gobierno Provisorio de frente popular, tuvieron que cambiar radicalmente su orientación original (Lenin de por medio) que era de capitulación abierta a este gobierno. Bastaría recordar en ese sentido el manifiesto editado por los bolcheviques después de la victoria de la Revolución de Febrero en el cual se llamaba a apoyar al nuevo gobierno burgués. En el se decía que “los operarios de las fábricas y de las usinas así como a las tropas sublevadas deben, inmediatamente, elegir sus representantes al gobierno revolucionario provisorio“ [2]
Analizando el caso de la revolución rusa se podría pensar que las posiciones equivocadas de los bolcheviques se debieron al hecho de que al frente del partido, en ese momento, estaba una joven e inexperiente dirección que había ocupado ese lugar a partir de la prisión o exilio de los principales dirigentes del partido. Sin embargo esa joven dirección (encabezada por Molotov) fue reemplazada, ya en el mes de marzo, por la vieja dirección de Stalin y Kamenev que no sólo no corrigió el rumbo oportunista del partido sino que lo profundizó.
Tampoco podemos hablar de una joven e inexperiente dirección en el caso del POUM de España. Al frente de este partido estaba Andrés Nin, un revolucionario que había comenzado a militar en 1913 en las filas de la CNT anarquista, que vivió y militó en Rusia desde 1921 hasta 1930, que fue diputado del Soviet de Moscú, que fue del secretariado de la Internacional Sindical Roja y que en el año 30 fue designado para integrar el Buró Internacional de la Oposición de Izquierda Internacional (la organización que precedió a la IV Internacional dirigida por León Trotsky)
Sin embargo, a pesar de toda esa experiencia, la política de Nin para España fué opuesta a la de Lenin en Rusia a tal punto que Trotsky, que reivindicaba a Nin como a un revolucionario honesto, señaló que la política de Nin y el POUM equivalían a una traición.
En las otras experiencias de frente popular la actuación de las principales corrientes de la izquierda revolucionaria no fue muy diferente. Así fué el caso de la Izquierda Revolucionaria dirigida por Pivert en Francia en el año 36 y algo similar podemos decir del MIR chileno, que nunca dejó de hacer exigencias y criticas al Frente Popular encabezado por Salvador Allende pero que nunca rompió con el a tal punto que la guardia personal del propio Allende era compuesta por sus militantes.
La dificil tarea de enfrentar a los gobiernos de frente popular
Tal como lo señalaba Trotsky los gobiernos de frente popular le brinda a las organizaciones revolucionarias grandes posibilidades de desarrollo ya que en ese tipo de gobierno las direcciones traidoras se ven obligadas a mostrar su verdadera cara. Sin embargo aprovechar esta oportunidad, en la práctica, se ha mostrado una tarea muy difícil. Basta para eso ver la larga lista de oportunidades perdidas y de partidos revolucionarios destrozados por los frentes populares.
¿Pero como explicar tantos fracasos de la izquierda revolucionaria frente a este tipo de gobiernos ? La explicación hay que encontrarla, por un lado, en el propio carácter de estos gobiernos burgueses y por el otro en la falta de consistencia revolucionaria de las direcciones alternativas.
Los gobiernos de frente popular tienen varias características que los identifican pera hay una que es la central. Esta es que se trata de “gobiernos burgueses anormales” ya que diferencia de los gobiernos “burgueses normales” ellos no están integrados sólo por los partidos burgueses, o por representantes de las fuerzas armadas, sino por representantes de los partidos obreros que en muchos casos son la mayoría en estos gobiernos burgueses. Esto es justamente lo que le da un carácter “anormal” cosa que hace que las masas consideren como suyo a un gobierno que tiene, como su principal objetivo, derrotar y desmoralizar a esas mismas masas.
En este marco la izquierda revolucionaria se coloca frente a un dilema: ¿Con las masas o contra las masas? y la mayoría de las corrientes resuelven este dilema, que en realidad es un falso dilema, optando por la primera opción: “Con las masas” lo que los lleva, de una u otra manera, a apoyar y a integrar el Frente Popular o ser, en el mejor de los casos, su ala izquierda.
El dilema “con las masas o contra las masas” es un falso dilema porque los marxistas revolucionarios, al contrario de los populistas y los reformistas, siempre están “con las masas” y “contra las masas”. Están “con las masas” en sus luchas contra todos los sectores privilegiados y están “contra las masas” en lo que se refiere a su conciencia, que normalmente es burguesa, más aún cuando el frente popular llega al poder. En esos momentos la conciencia de las masas sufre un retroceso brutal ya que en allí no sólo es burguesa sino que es, por primera vez, masivamente progubernamental.
Lenin, que enfrentó el primer gobierno de frente popular de la historia, mostró otro camino. A su regreso del exilio se encontró con el Gobierno Provisorio que era considerado por las masas, y por la dirección de los soviet, como su gobierno. Mas aún su propio partido estaba completamente confundido y en general capitulaba al gobierno. En ese marco Lenin analizó y denunció, una y otra vez, el carácter capitalista (y por eso reaccionario) del Gobierno Provisorio. Mas aún llamó a su partido a enfrentar la conciencia de las masas. “Nada nos resta a no ser explicar pacientemente, perseverantemente, sistemáticamente…Mientras estemos en minoría realizaremos un trabajo de crítica, a fin de liberar a las masas de la impostura”[3]
Ese fue el primer pasó para, a posteriori, conducir las masas contra el gobierno de frente popular, derrumbarlo e imponer en su lugar un gobierno y estado obrero.
La izquierda y el frente popular hoy
Lenin resumió su actitud frente a las masas que apoyaban al gobierno provisorio en una frase: “No temer permanecer en minoría! No para siempre, sino temporariamente. La hora del bolchevismo llegará”.[4]
Volviendo la mirada para atras podemos ver que siempre que la izquierda revolucionaria fracasó, lo hizo porque no asumió este consejo. Por otra parte, ahora viendo el presente podemos constatar que la mayoría de la izquierda revolucionaria actual no aprendió esta lección. Ellas, hoy como ayer, y al revés de lo que decía Lenin, tienen un enorme temor en quedar en minoría. Basta para eso ver la localización de la mayoría de la izquierda revolucionaria en el Brasil. La mayoría de ella o está completamente adaptada e integrada al gobierno (con importantes cargos incluso en el primer escalón) o defiende la utopía reaccionaria de intentar cambiar el frente popular “desde adentro”. Dentro de esto, el MST (Movimiento de los Trabajadores sin Tierra) no es una excepción. La dirección de este movimiento hace esfuerzos denodados para apoyar el gobierno aunque en muchas oportunidades lo haga encabezando ocupaciones de tierras para intentar contener a sus bases que que no están dispuestas a aceptar la tregua con el gobierno que su dirección intentó imponer.
Es cierto que hay algunos sectores que se enfrentan violentamente al gobierno y que tienden a romper con el y con el PT, son los llamados “radicales”, pero la realidad es que ellos son una pequeña minoría dentro de la llamada “izquierda del PT.”
Cuando los dirigentes de estas organizaciones se refieren al gobierno Lula como “nuestro gobierno” ellos creen estar con los trabajadores pero en realidad sólo están con ellas en su confusión. Al renunciar a la tarea mas elemental que es explicar “pacientemente” a las masas que el gobierno del frente popular no es su gobierno, sino su enemigo, en realidad demuestran su profunda desconfianza en esos trabajadores, en sus propias posiciones y en la revolución.
Pero sería un análisis demasiado parcial decir que esta capitulación se debe pura y exclusivamente a un seguidismo a la conciencia de las masas. Si fuese así, en este momento, la mayoría de la izquierda del PT estaría iniciando un proceso de ruptura con el partido porque este es el movimiento, que después de seis meses de gobierno, importantes sectores del movimiento de masas están comenzado ha hacer. Pero no es eso lo que está ocurriendo.
La izquierda del PT no está rompiendo con el gobierno porque este es “su gobierno” al cual está integrada, profundamente, a traves de cargos de confianza y de los diferentes bloques parlamentarios.
Las diferentes corrientes de la izquierda del PT surgieron en las lucha del movimiento estudiantil y sindical contra la dictadura militar pero esta izquierda sufrió una gran transformación. Como parte del PT estas corrientes tuvieron importantes éxitos electorales y se deslumbraron con esos existos, con sus diputados, asesores, gabinetes y altos salarios. De tal forma que lo que en su momento era táctico (participar de las elecciones) se acabó transformado en algo estratégico y es a partir de esta realidad que esta izquierda establece su relación con el gobierno y con el propio PT. Aceptar o no aceptar cargos. Romper o no romper con el PT no es discutido, por la mayoría de estas corrientes, desde el punto de vista de las necesidades de la lucha de clases y mucho menos de los principios, sino en función de la repercusión electoral de tal o cual medida. Por otra parte es necesario localizar que este proceso que se da en el Brasil está en el marco de una brutal crisis ideológica de una buena parte de la izquierda revolucionaria a nivel mundial. Bastaría recordar para eso que una buena parte de esta organizaciones han “descubierto” en los últimos años que la democracia capitalista tiene “un valor universal” y que las tropas imperialistas de la ONU son fuerzas “de paz.”
Localizando lo que ocurre actualmente en el marco de la historia podríamos repetir la vieja frase: “nada nuevo bajo el sol” pero si dijesemos esto estaríamos siendo injustos con los que dirigían el partido bolchevique hasta la llegada de Lenin, con el POUM, con la Izquierda Revolucionaria francesa del año 36 y con el propio Lambert de la década del 80. Porque la realidad es que lo que hoy estamos viviendo es un profundo proceso degenerativa en la mayoría de las organizaciones de la llamada “izquierda revolucionaria”
Por ejemplo Andrés Nin capituló al frente Popular, pero murió siendo un revolucionario honesto, que nunca definió su política en función de los diputados o cargos que podría conseguir.
Para ver la decadencia de la mayoría de la izquierda revolucionaria actual basta leer con atención el trabajo de Moreno que hoy está siendo publicado y que lleva el feliz titulado de “La traición de la OCI”. El lector podrá ver que Moreno, para justificar esta caracterización, se vio obligado demostrar, con mucha perspicacia, que detrás del discurso trotskista de Lambert se ocultaba el apoyo al gobierno de frente popular de Mitterrand. Lambert capitulaba al frente popular, fundamentalmente a través del mecanismo de apoyar las llamadas “medidas progresivas” del gobierno. Pero nunca Lambert y la OCI dijeron que el gobierno de Mitterrand era “su gobierno”, ni llamaron a integrarlo o apoyarlo.
Si hoy Moreno estuviese vivo e intentase mostrar la relación entre la mayoría de la izquierda revolucionaria (incluidos los lambertistas brasileros) y el gobierno de Frente popular de Lula no precisaría ser tan agudo como lo fue hace 20 años atrás. La traición es tan descarada que se demuestra por si sola.
¿Que otra cosa podemos decir de la participación del señor Rosetto, del SU (Secretariado Unificado) en el ministerio de Lula y de sus orgullosos discursos mostrando como está pacificando la lucha en el campo? A propósito de esto es buena recordar que en las filas del trotskismo sólo se recuerda un antecedente de este tipo. Fue cuando el Lanka Sama Samaja Party entró al gobierno de frente popular de Ceylán. También es necesario recordar que la IV Internacional no tuvo dudas de expulsar de sus filas a esta organización.
Sin duda, “hay muchas cosas nuevas bajo el sol”. Tal vez nada sea mas ejemplificador de esta realidad que la localización que hoy tiene el PSTU (Partido Socialista de los Trabajadores Unificado) en la lucha de clases brasilera. Este partido tiene
(junto con algunos pequeños grupos) el “triste privilegio” de ser la única organización de la izquierda revolucionaria que no hace parte, y que combate, al frente popular encabezado por Lula.
El debate sobre el frente popular frances y su relación con Brasil
Paralelamente al debate que se dio a principios de la década del 80 en el interior de la CI(CI) sobre el frente popular francés se dió otra discusión con respecto al Brasil.
Aparentemente esta discusión no estaba vinculada con la otra ya que en el Brasil no existía un gobierno de frente popular sin embargo la relación entre ambas discusiones quedaría evidenciada mas de 20 años después
En el Brasil se estaban discutiendo los documentos de la nueva organización que se intentaba construir a partir de la unificación entre las corrientes “O Trabalho” y la Convergencia Socialista y como parte de esa discusión la cuestión de la relación de los revolucionarios con el PT aparecía en un primer plano.
La Convergencia Socialista, orientada por Moreno, sostenía que con Lula sólo existía un acuerdo táctico, que era construir un partido obrero, pero que a partir de allí existía una diferencia estratégica: Lula quería construir un partido obrero para colaborar con la burguesía mientras que los revolucionarios debían construir un partido obrero para combatirla.
Como conclusión política de esta caracterización la Convergencia Socialista defendía que la nueva organización, que actuaría en el interior del PT, debería tener un perfil muy bien definido. Por un lado debía ser la más grande defensora y constructora del PT y por el otro debía desarrollar una oposición permanente a la dirección mayoritaria encabezada por Lula.
La corriente O Trabalho estaba completamente en contra de esta postura. Estaban a favor de ser los grandes constructores del PT pero estaban en contra de que la nueva organización se construyese como una oposición permanente a la dirección lulista. Luis Favre, que en ese momento era el brazo derecho de Lambert, y que participó directamente de esos debates, en mas de una oportunidad, usó el siguiente argumento: “nosotros no podemos descartar la posibilidad de ganar a Lula para el trotskismo y la IV Internacional”
Los años pasaron y los hechos de la realidad, como siempre sucede, acabaron resolviendo las polémicas.
La Convergencia Socialista se construyó en el interior del PT en un combate sistemático a la dirección de Lula hasta que fue expulsada del partido por impulsar el movimiento contra el presidente Collor. A partir de allí, junto con otros sectores revolucionarios, construyó el PSTU que hoy combate al frente popular encabezado por Lula.
O Trabalho siguió otro camino. Después de dividir la CI (CI) se integró a los 111 que era, en ese momento, la corriente lulista en el interior del PT y tiempo después Luis Favre, siendo más consecuente que Lambert, organizó una ruptura en la corriente O Trabalho con el objetivo de disolverse en el PT.
En el texto escrito por Moreno, titulado “La traición de la OCI” este decía que la política de la organización francesa “…abandonaba en los hechos la construcción del partido revolucionario” y para demostrar esto, en cursos y charlas, Moreno decía que en la medida que la OCI apoyaba al Mitterrand y al PS frances era imposible que la OCI se construyera y daba el siguiente ejemplo: “Imaginemos que hay dos cines, uno al lado de otro, que pasan la misma pelicula y cobran lo mismo pero uno es moderno, con butacas confortable y aire acondicionado y el otro es un cine antiguo, con butacas de madera y sin aire acondicionado. Sólo un loco entraría en el cine antiguo. Pues bien lo mismo ocurre con la OCI y el PS francés. ¿Porque una persona va a entrar a la OCI si esta tiene la misma política que el PS ? Si quiere militar entra en el PS que es rico y está en el gobierno.”
Esto ejemplo de Moreno, que siendo serio no dejaba de ser un chiste, se acabó transformando en un pronóstico.
No sabemos si muchos de los que se aproximaron en ese período de la OCI se acabaron incorporando al PS pero sabemos que varios de sus más importantes cuadros si lo hicieron. Este fue el caso Cambadelis, su más importante dirigente estudiantil y también fue el caso Leonel Jospin, que era un lambertista que hacía entrismo en el PS y que prefirió quedarse en el cine moderno, con butacas confortable y aire acondicionado.
En el Brasil ocurrió lo mismo sólo que en forma ampliada. La ruptura de encabezada por Favre, que se disolvió dentro del PT, agrupó a la mayoría de los militantes y dirigentes de O Trabalho.
Como se puede observar la hipótesis de Favre no se cumplió. Lula no se hizo trotskista ni se sumó a la lucha por reconstruir la IV Internacional. Pero siguiendo aquel viejo refrán de que “Si Mahoma no va a la montaña…” quien se hizo lulista fue Luis Favre y la mayoría de los dirigentes lambertistas.
Lula siguió su camino y terminó en la presidencia del país al frente de un gobierno de frente popular, que dicho sea de paso es uno de los gobiernos más antiobrero y proimperialista de la historia del Brasil. Favre aportó, y aporta, a ese gobierno toda su colaboración y la de varios e importantes ministros y secretarios salidos de su corriente.
Por su parte la corriente O Trabalho parece no haber aprendido la dura lección que la vida les impuso. La realidad cambió mucho en todos estos años pero el lambertismo brasilero continua fiel a su misma política. Con un reducido número de militantes (menos de la cuarta parte de los que tenían hace veinte años) ellos continúan actuando como parte del ala izquierda del partido. Claro que antes eran el ala izquierda de un partido de oposición al gobierno. Ahora son el ala izquierda del partido del gobierno.
Ya pasaron mas de 20 de años de aquellos debates sobre el frente popular frances, sobre su relación con el Brasil, sobre Lula, sobre el destino del PT y hoy podemos constatar, parafraseando a Trotsky, que “lo que era un rasguño se transformó en gangrena.”
¿Y en el Brasil?
Como hemos visto la izquierda revolucionaria, en la mayoría de los casos, cuando tuvo que enfrentar un gobierno de frente popular no estuvo a la altura de sus responsabilidades históricas. ¿Ocurrirá lo mismo en el Brasil?
Hay tremendas presiones sociales para que eso ocurra sin embargo es necesario ver que a nivel mundial, y particularmente en América Latina, se desarrolla un poderoso ascenso de masas y ese ascenso actúa sobre la realidad brasilera, sobre sus luchas y sobre las organizaciones sociales.
En momentos en que escribimos estas líneas una gran parte de los funcionarios públicos enfrentan por medio de una huelga a la mayoría de sus direcciones y a “su gobierno”. La mayoría de la llamada “izquierda del PT” se mantiene fiel al gobierno de Frente Popular lo que le está significando un considerable desgaste con los sectores en lucha, los cuales, en mas de una oportunidad, colocan el dedo en la cara de sus dirigentes y les gritan, con mucha justicia: “traidores”. Pero existe otro sector, también de la izquierda del PT, los llamados “radicales”, que se colocan contra las reformas del gobierno y a favor de los huelguistas lo que abre la posibilidad de un nuevo escenario político. Ya hay, por ejemplo, una discusión en curso: la necesidad, frente a la traición del PT, de construir un nuevo partido. Pero también ya se insinua, como no podía ser de otra forma, un debate sobre el carácter de ese nuevo partido. Existe una fuerte presión para que ese nuevo partido no se construya o, si se construye, para que no vaya mas allá de un mero proyecto electoral. Pero existe otra presión, que se fortalece con las huelgas contra el gobierno y con las ocupaciones de tierras que desbordan la dirección del MST que es construir un instrumento para acaudillar las masas en la lucha revolucionaria por la liberación nacional y social.
En la fase actual del proceso brasilero este debate es central y la “izquierda revolucionaria”, merecerá o no ese título, a partir de cómo se localice en esta cuestión.
La crisis de la IV (CI) frustró en su momento a miles de militantes revolucionarios. Sin embargo toda crisis tiene su lado positivo. La IV(CI) entró en crisis porque la OCI francesa capituló al gobierno frente populista de Mitterrand. Pero hubo un importante sector que se negó a ser cómplices de esa capitulación. Hubo una batalla. Y al frente de la misma estuvo Nahuel Moreno. Esa batalla está resumida en los dos importantes textos que ahora están siendo publicados en el Brasil: “El gobierno de Mitterrand, sus perspectivas y nuestra política” y la “Traición de la OCI“. Estos textos, en su momento fueron polémicos. Hoy lo continúan siendo pero ahora son, antes que nada, una guía para la acción de todos aquellos sectores que en el Brasil, y en el resto de América Latina, estén dispuestos a orientarse en un sentido revolucionario.
[1] “Nuestra experiencia con el lambertismo” Nahuel Moreno – Mercedes Petit – Crux Ediciones – Pag 159
[2] Citado por León Trotski en la Historia de la Revolución Rusa – Vol. 1 Ediciones Paz e Terra – Pag 247
[3] Citado por Leon Trotsky en la Historia de La Revolución Rusa
[4] Idem pag 267
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